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Finalizó con éxito la Global Textile Ministerial & Industry Summit 2026

Finalizó con éxito la Global Textile Ministerial & Industry Summit 2026

Del 15 al 17 de junio, Santiago de Chile fue sede de la Global Textile Ministerial & Industry Summit 2026, un encuentro internacional que reunió a autoridades gubernamentales, organismos internacionales, representantes de la industria, instituciones financieras, academia y sociedad civil para promover una agenda común hacia una industria textil más circular y sostenible.

A lo largo de tres jornadas de trabajo se desarrollaron diálogos ministeriales, paneles técnicos y mesas de intercambio sobre responsabilidad extendida del productor (REP), economía circular, innovación, pasaportes digitales de productos, gestión sostenible de productos químicos, financiamiento y cooperación internacional, consolidando un espacio de articulación de cara a los principales foros ambientales globales.

El Centro Regional del Convenio de Basilea para América del Sur (BCRC-Argentina) participó activamente en la Cumbre a través de la intervención de su Director Ejecutivo, Alberto Santos Capra, quien integró el panel «Consumo Circular y Sostenible / Sistemas de Comercio», compartiendo la experiencia regional y destacando el papel de la cooperación internacional para fortalecer la gestión ambientalmente racional de los residuos textiles y acelerar la transición hacia modelos de producción y consumo sostenibles.

El Director del Centro Regional en la Mesa resumió el estado de situación de los textiles en el marco de la próxima reunión del Open Ended Working Group (OEWG) del Convenio de Basilea. Al respecto, se destacaron los documentos oficiales de la Secretaría del Convenio de Basilea UNEP/CHW/OEWG.15/9 y UNEP/CHW/OEWG.15/INF/22, ambos de febrero y mayo de 2026 respectivamente, que fueron posteriormente tratados en el OEWG-15 en Ginebra, del 23 al 26 de junio de 2026. Esta anticipación resultó clave porque visibilizó cómo el sector textil chileno y regional ya venía trabajando el tema antes de que el Convenio lo instalara formalmente en su agenda de negociación. En efecto, la decisión BC-17/21, adoptada en la 17ª Conferencia de las Partes, estableció por primera vez los textiles usados y los residuos textiles en el programa de trabajo del OEWG para el bienio 2026-2027. En respuesta a esa decisión, Partes y observadores presentaron más de treinta contribuciones -once de Partes y veinte de observadores- que la Secretaría compiló, con apoyo financiero de la Unión Europea. El diagnóstico que estos documentos revelan la existencia de un vacío de definiciones armonizadas: las entradas B3030 y B3035 del Anexo IX, así como la Y48 del Anexo II y la A3210 del Anexo VIII, no distinguen entre fibras naturales y sintéticas ni entre fracciones reutilizables y residuos. Esta ambigüedad es especialmente preocupante si se considera que entre el sesenta y el setenta por ciento de los textiles son fibras sintéticas -el poliéster representa alrededor del sesenta por ciento del mercado mundial de fibras, con setenta y un millones de toneladas producidas en 2023- y que se han identificado más de trescientas sustancias químicas peligrosas en prendas, incluyendo PFAS, ftalatos, tinciones azoicas, metales pesados y retardantes de llama bromados. A este problema de clasificación se suma la necesaria coordinación con los códigos aduaneros. Los códigos HS 6309 y 6310 de la Organización Mundial de Aduanas no permiten diferenciar entre textiles usados aptos para reúso y residuos textiles: en la práctica, ambos flujos se declaran bajo el 6309, lo que vuelve opacas las cadenas de valor e impide trazar los volúmenes reales. Las investigaciones de campo muestran que bajo ese código circula una proporción creciente de textiles mezclados, contaminados o no vendibles, declarados como reutilizables sin serlo, en patrones que las propias presentaciones comparan con el tráfico ilícito de residuos electrónicos y plásticos. El cuadro se completa con un dato elocuente: solo el 0,06% de los residuos textiles se recicla en nuevas fibras. El llamado «reciclaje» se reduce en muchos casos al triturado para aislamiento, relleno o tapicería. Las plantas de clasificación carecen de capacidad para separar mezclas algodón-poliéster, calzado y accesorios; el bajo valor de las fracciones, el exceso de oferta y el modelo de fast fashion saturan los mercados, mientras que las fibras sintéticas liberan microplásticos y contienen aditivos químicos persistentes. En los países importadores, la gestión deficiente deriva en vertido o incineración no controlada, con impactos aggravated en el caso de los residuos sintéticos o con aditivos peligrosos. Sin embargo, el informe también advierte sobre los riesgos sociales de una regulación mal calibrada. El comercio de textiles de segunda mano sostiene miles de empleos formales e informales -particularmente de mujeres- en países de ingresos bajos y medios: las exportaciones desde la UE y el Reino Unido sostienen aproximadamente sesenta y cinco mil puestos en Ghana, setenta y cuatro mil trescientos en Kenia y veinte mil setecientos en Mozambique, mientras que en la zona franca de Karachi trabajan más de diez mil personas. Una aplicación extensiva e indiscriminada del procedimiento de consentimiento fundamentado previo podría encarecer la ropa de segunda mano, afectar a ONGs que financian proyectos de desarrollo con estos ingresos y comprometer los medios de vida del sector informal, que en el África Subsahariana constituye la principal fuente de acceso a textiles para la mayoría de la población. Frente a este panorama, las opciones propuestas por las Partes se articulan en cuatro ejes con horizontes temporales diferenciados. En el corto plazo se propone desarrollar guías para distinguir textiles usados de residuos textiles y fortalecer la inspección y trazabilidad de los movimientos transfronterizos. En el mediano plazo se plantea la elaboración de directrices técnicas sobre prevención, minimización y manejo ambientalmente racional, junto con sistemas de certificación para plantas de clasificación y exportación. En el largo plazo se considera la revisión de los códigos y anexos del Convenio, incluida una posible redefinición de la entrada B3030, y una mayor coherencia con los códigos aduaneros del Sistema Armonizado. De manera transversal se propone también apoyo a infraestructura, innovación y protección de trabajadores y comunidadades. La decisión que se proyecta del OEWG-15 es recomendar a la COP-18 considerar estas opciones dentro del ámbito del Convenio y abrir un nuevo período de comentarios hasta el 30 de septiembre de 2026. La secuencia que emerge -directrices técnicas primero, revisión de anexos después- refleja el consenso de avanzar con prudencia para evitar tanto la inacción como los efectos adversos sobre las economías informales del Sur Global. Destacar estos documentos al Forum Textil Chile CEPAL antes del OEWG permitió, precisamente, instalar esta mirada en la región: que América Latina no llegue a la mesa de negociación como mero receptor de reglas definidas en otras latitudes, sino como un actor que ya ha comprendido la complejidad del problema -definiciones, clasificación, datos, reciclaje, impactos sociales- y que puede aportar tanto su experiencia en comercio de textiles usados como su perspectiva de economía circular al debate global que ahora se abre en el Convenio de Basilea.

La Cumbre concluyó con la presentación de una hoja de ruta compartida y una nota de resultados que contribuirán a fortalecer la cooperación internacional y orientar las próximas acciones en materia de circularidad textil.

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